
MEDITACION EN LA LUZ
Para quien desee practicar la meditación, resulta aconsejable que tome una luz como objeto de su meditación y no una forma de la Divinidad, como la de Rama, Krishna o Iswara, porque también estas formas están sujetas a cambios y perecen en última instancia. La luz no perece ni cambia. Además, una llama puede encender millones de otras sin extinguirse y es, por ende, inagotable.
En este proceso de la meditación en la luz, la progresión debe ir de la inquietud a la serenidad y de la serenidad al Resplandor Divino. Uno habrá de sentarse con las piernas cruzadas y la espalda erecta, para asegurar un fluir fácil de la fuerza divina desde el Muladara Chakra (centro energético inferior) al Sahasrara Chakra (centro energético superior), a través del Sushumna Nadi (columna vertebral). El aspirante deberá fijar su mirada en la suave llama e ir gradualmente cerrando los ojos, absorbiendo o transfiriendo la llama hacia su corazón, por así decirlo.
Entonces, habría que imaginar como si el loto del corazón estuviera abriéndose en una resplandeciente belleza, que disipe con su radiante brillo las fuerzas oscuras de la vida. Entonces, uno habría de imaginar que de su corazón así iluminado, salen rayos de luz para bañar gradualmente todas las partes del cuerpo, inundándolo todo con luz e imbuyéndolo de santidad y pureza. Como esta luz ha bañado sus manos, el individuo no deberá ya llevar a cabo ningún acto inicuo; como brilla en sus ojos, no puede dirigirlos hacia vistas indeseables. Del mismo modo, como la luz ha bañado sus oídos, no habrá de prestar atención a malas conversaciones. Tampoco sus pies habrán de tomar por sendas impías, puesto que han sido llenados por la luz. Es así que este tipo de meditación ayuda a ennoblecer al hombre y a que escale con firmeza hasta grandes alturas espirituales.
Si mantenemos ocupada a la mente por este medio, llevando luz a todas las partes del cuerpo, no andará errante y se mantendrá estable. Todo el proceso toma entre veinte a treinta minutos para completarse. Este tipo de meditación no ha de considerarse como un ejercicio de la fantasía. No cabe duda de que la imaginación participará en un comienzo, pero con la práctica constante se convertirá en una poderosa onda de pensamiento que creará una impresión indeleble en el corazón, conducente a la unión con Dios.
La meditación no debiera terminar con el individuo visualizando la luz en sí mismo. Habrá de verla en sus amigos y parientes e incluso en sus enemigos. Habrá de ver a la Creación toda bañada en la resplandeciente Luz de la Divinidad. Esto debe llevarle a vivir una vida llena de Amor y de felicidad.
Si lo desearan, en las etapas iniciales pueden imaginar la forma de Dios que veneren dentro de la llama en la que meditan. Sin embargo, habrán de darse cuenta de que, tarde o temprano, la luz habrá de disolver la forma. No deben tratar de confinar a la Divinidad a ninguna forma en particular; deben ver a Dios en su forma todo penetrante, como el Uno que reside en el corazón de todos los seres divinos. Sri Sathya Sai Baba, Lluvias de Verano 6, El Yoga de la Meditación (Dhyana Yoga) Mayo de 1979